Ante el aumento de los ciberataques y la creciente impunidad de los actores estatales, surge una pregunta compleja: ¿sigue siendo suficiente el modelo tradicional de defensa de la ciberseguridad? Desde las brechas de seguridad en las telecomunicaciones hasta las colaboraciones con estados nacionales para el ransomware, el panorama de amenazas ahora se asemeja menos a incidentes aislados y más a una estrategia coordinada.